Tiempo que no escribía un Manifiesto Grinch y creo que mucha agua a corrido bajo el puente para seguir dejando pasar.

  1. Empiezo haciendo un mea culpa. Tras escuchar el seminario web de la Fundación Gabo sobre periodismo económico, me quedó claro que poco había aprendido de las crisis económicas que ya habíamos pasado. Seguía buscando la noticia en el lugar de siempre, en el caída de los precios, en el menor margen de las empresas y en el cierre de las mismas. La noticia ya no está allí. Las cosas cambiaron. La noticia va en el proceso, es decir, en cómo las personas salen de sus trabajos, cómo defienden su empresa y se reinventan. Hoy la noticia la generan el coraje (o falta de) de las persona y  no las empresas.
  2. Empezando con este pie. La devolución de los fondos de las AFP abre el panorama más allá de la entrega del dinero. ¿Las AFP fallaron o fue el sistema laboral? ¿Por qué pocas personas cotizaron si es obligatorio? ¿Las empresas evadieron sistemáticamente colocar a la gente en planilla? Sinceramente creo no creo que la madre del cordero fue el sistema de fiscalización, concentrado en las empresas de siempre, evadiendo tocar  la informalidad sino más bien la responsabilidad del explotador que evade los costos laborales. Quien no lo hacía, tenía una ventaja frente a los empresarios que trabaja pegados a la Ley y sí generan bienestar.
  3. Si seguimos con la línea lógica del punto anterior. Los problemas que hoy enfrentamos con una cuarentena larga, nos los ganamos a pulso los peruanos. Entramos rápidamente en pánico, acaparamos, luego nos jalamos los pelos por los precios altos. Dichos costos, impactan directamente y sin escala entre los más pobres, quienes acorralados por el hambre se desplazan al interior del país. Como si fuera poco nos mandan de cuarentena pero le sacamos la vuelta y nos aglomerados, para luego quejarnos de que se extienda. Somos poco empáticos con las personas que viven del día a día, a quienes no les llega ni los bonos ni las canastas, olvidándonos que vivimos en un país pobre, alucinados con ser parte de la OCDE algún día. Ciertamente el gobierno tiene su cuota de responsabilidad, pero no cuenta con una varita mágica que nos convierta en ciudadanos responsables. Nos encanta hacer los que nos da la gana, y allí está el resultado, las UCI reventando.
  4. Somos, quizás, el país de Sudamérica que con mejor pie entramos a la cuarentena. Cifras macro limpias y ordenadas, empresas grandes disputando el mercado, pero ese maquillaje solo tapaba la gran desigualdad de siempre. El trabajo del gobierno, que ya pasa la mitad de su mandato, no se ha visto en la parte preventiva sino más bien en la reactiva, cuando el agua le llegaba al cuello y el COVID-19 ya había desembarcado en el país. Enfrascado en la lucha anticorrupción, la construcción, implementación y renovación de hospitales iba a lentamente, mientras que las reformas estructurales del sistema de salud eran casi nulas. Hoy, todo ello se ha hecho rápidamente, dejando muchas veces la puerta abierta a la corrupción.
  5. ¿Qué nos queda por hacer? Seguir sentados en nuestra irresponsabilidad y rabia no pone un pan sobre la mesa, no paga las cuentas. Si sales mantén la distancia, cambia tu forma de producir y vender, recicla, ahorra, no desperdicies. Entramos en una economía de guerra, en dónde el centavo se cuida. ¿El gobierno nos va a solucionar el día a día? No. Eso lo vas hacer tu.

Por Cristina Luna

Aprendí hablar en fácil la economía. Me encanta ver como las noticias pueden ser aprovechadas en la vida real.

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