Por: Julio C. Navarro Falconí 

 

Una de las cosas que más extrañamos en estos tiempos de pandemia son los abrazos, ese impulso natural que todos sentimos cuando, después de un tiempo, vemos a una persona que queremos, y que sin duda la abrazamos para demostrarles nuestro afecto y cariño.

Sin embargo, los últimos meses hemos tenido que luchar tantas veces con nosotros mismos para contenernos y evitar abrazar a las personas que queremos, no sólo no las abrazamos, no le damos un beso, incluso en muchos casos solo le hacemos un gesto con la mano y con el cuerpo les decimos que es mejor no acercarnos.

Sobre todo con los viejitos, y lo digo con mucho cariño, al menos yo tengo el cuidado de no acercarme a ellos, a pesar de que noto en sus ojos la frustración que sienten al no poder tener contacto con nosotros, con sus hijos, con sus sobrinos, con sus nietos, y peor aún, con sus amigos o amigas de toda una vida.

Yo creo que todos sabemos perfectamente el poder que tiene un abrazo, todos alguna vez hemos necesitado de un abrazo para sentir consuelo, para sentir compasión, para sentirse querido, protegido, amado; y también para celebrar una alegría, un gol, la clasificación al mundial, la realización de una meta, o simplemente para sentir el amor más puro y eterno cuando abrazamos por primera vez a nuestros hijos, cuando los hacemos dormir en nuestro pecho, cuando tratamos de calmar sus angustias y frustraciones, cuando sólo queremos hacerles sentir el amor que les tenemos.

El New York Times publicó hace unos días un artículo titulado: Cómo abrazarse en tiempos de pandemia; y allí cita a Johannes Eichstaedt, profesor de psicología de la Universidad de Stanford, quien señala que los seres humanos tenemos vías cerebrales dedicadas específicamente a detectar el contacto afectivo, que es el modo en el que nuestros sistemas biológicos se comunican entre sí para hacernos sentir seguros, que somos amados, y que no estamos solos.

Kathleen Keating, autora del libro Abrázame, escribió que “el contacto físico no es sólo algo agradable, sino también necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal, y acrecienta la alegría y la salud del individuo y de la sociedad. El abrazo es una forma muy especial de tocar, que hace que uno se acepte mejor a sí mismo y se sienta mejor aceptado por los demás”.

Incluso podemos encontrar una serie de publicaciones científicas que demuestran que un abrazo nos hace segregar oxitocina y otras hormonas como la serotonina y dopamina, generando en nosotros una sensación de tranquilidad, de bienestar y de calma, no sólo mientras dura el abrazo, sino que este efecto se prolonga mucho tiempo después.

Sin duda, después de lo que les digo ustedes seguramente querrán correr a abrazar a alguien en particular, a un familiar, o a un amigo o amiga que extrañan mucho y que hasta hoy no pueden ver personalmente debido, no solo a las medidas adoptadas por el gobierno a causa de esta pandemia, sino, porque sentimos el temor de poner en riesgo a las personas que queremos.

Sin embargo, también muchos de ustedes, al igual que yo, nos ponemos tristes porque sabemos que, por más que quisiéramos, es imposible abrazar a aquella persona tan especial para nosotros, porque ahora dejó de existir y se convirtió en polvo camino a las estrellas, algunos porque no resistieron el embate del coronavirus, otros porque decidieron arriesgar sus vidas para salvar las nuestras, y también aquellos que simplemente no entendieron realmente el peligro de esta pandemia, y muchos porque a pesar de sus cuidados y precauciones, terminaron infectados y no lograron siquiera conseguir oxígeno para tener una oportunidad de luchar por sus vidas.

 


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Así estamos hoy en medio de esta crisis de salud, los últimos días muere una persona cada 6 minutos, cuando termines de escuchar esta columna un peruano más no podrá abrazar ni ser abrazado nunca más porque su corazón no volverá a latir a causa del coronavirus.

Por eso quiero pedirte que por favor no salgas de casa, no vayas a visitar a tus hermanos, a tus padres, a tus abuelos, no organices reuniones de muerte disfrazadas de cumpleaños, no conviertas a tus hijos pequeños en el vehículo de contagio, ellos no merecen cargar las culpas de la muerte de un ser querido porque crees que dentro de casa están sufriendo.

Muy pronto la vacuna contra este virus será una realidad, dentro de algunos meses podremos contar nuestras historias de vida como anécdotas de sobrevivencia a esta pandemia, y poco a poco volveremos a abrazarnos como lo hicimos en navidad o en año nuevo, pero para que eso sea posible todavía nos queda unas semanas más de sacrificio y de responsabilidad, hasta ahora no lo estamos haciendo bien, el aniversario de un club tan grande como la “U” ha demostrado la inconsciencia de muchos peruanos que una noche previa anunciaron con bombardas su entrega a la muerte, no solo ellos, también de sus familias, la ministra de salud Pilar Mazzetti tiene razón cuando dice que eso fue un crimen.

Miren, este mes de agosto es un mes de mucho frío, es una época donde un buen abrigo y una bebida caliente nos hacen muy bien, quizás sea un buen momento para ver aquellas fotos de navidad, de fiestas patrias o de un cumpleaños o alguna reunión que tuvimos el año pasado, y si se detienen a mirar con calma esas imágenes probablemente encuentren a muchas personas que ya no podremos abrazar el próximo año, y claro, en esa foto también estás tú, sonriente, feliz, lleno de vida, espero que esta reflexión te permita entender que los cuidados de hoy, el uso correcto de la mascarilla, el distanciamiento social, el lavado de manos, y por ahora, ni besar ni abrazar a los seres que amamos, pueden hacer la diferencia de estar o no en las fotografías que vendrán el siguiente verano.

 

Esto es tiempos de cambio, por favor compártelo.


Julio C. Navarro Falconí . Periodista y Docente universitario

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Por Redacción CB

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