Por: José Luis Patiño Vera

Pasó julio, pero el circo político sigue funcionando hasta de madrugada. No basta que la pandemia siga su mortal rutina de enlutar decenas de familias diariamente y de inyectar zozobra y angustia a miles de enfermos que han caído en las garras del virus, cuyos seres queridos buscan desesperadamente una receta milagrosa, un tanque de oxígeno, un respirador mecánico o una cama en un hospital para intentar evitar ser un número más en la fría estadística oficial.


No basta que millones de desempleados salgan a las calles a atrapar un cachuelo para saciar el hambre, curar a sus enfermos e intentar asumir sus compromisos. No basta que miles de médicos, enfermeras y personal asistencial burlen a la muerte por salvar vidas. No basta que policías por imponer orden en medio del caos, caigan heridos mortalmente por el maldito virus. No basta que el digno personal de limpieza de los municipios se saque la mugre recogiendo la hediondez de los demás y de paso llevar la Covid-19 a sus hogares.


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No, nada basta cuando la irresponsabilidad y la angurria ciega al político, convirtiéndolo en voraz depredador de la “simpatía popular”. Cuando el país clama liderazgo y serenidad para pasar el largo temporal pandémico, las hordas populistas se convierten en saqueadoras de los ahorros de la nación, en garabatos de Robin Hood, en terroristas de la institucionalidad, en manadas furtivas tras la caza de quienes osan impedir su accionar.

¡Qué plena satisfacción repartir dinero a los angustiados, a los pobres, a los quebrados!, ¡Qué bacán anunciar que haré justicia a los desdichados obligando al Estado a dinamitar la caja fiscal! ¡Qué paja lanzar bonos desde las alturas del poder a la masa desorientada! ¡Qué chévere llevar a las empresas, banqueros y demás agiotistas al paredón!
Una combinación de rabia e impotencia nos atrapa al ver cómo la clase política se hunde en sus miserias.

No sólo es penoso observar cómo a la administración Vizcarra se le acaba el oxígeno para airear nuevas estrategias en la lucha contra la pandemia mientras nos pide aguantar “unos mesecitos más” hasta que llegue la vacuna. También resulta frustrante no ver a líderes políticos que pongan paños fríos a la calentura populista e imponer la cordura y la sensatez entre sus barras bravas, buscando sentarse a la mesa de la concertación y trazar de manera consensuada la reconstrucción nacional, ad portas de una elección presidencial y congresal.


El país tiene una gran oportunidad para salir del hoyo recesivo; posee el suficiente capital humano y un gran potencial de desarrollo en cada parte de su territorio. Sin embargo, se requiere reformas estructurales, normativas y regulatorias que permitan formalizar la economía, fortalecer instituciones y optimizar la descentralización de cara al reto de devolver la dignidad a cada uno de los que habitamos este reto llamado Perú.


 José Luis Patiño. Periodista y analista económico y financiero, con más de 25 años de ejercicio profesional en diversos medios periodísticos (prensa, radio y TV), como Diario EXPRESO, RPP Noticias, Canal 7. Ganador de 4 premios nacionales de periodismo por sus investigaciones especializadas.

La presente es una columna de opinión publicada originalmente en el diario Expreso, reproducida en Cuaderno Borrador, con autorización de su autor.

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Por Redacción CB

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