Tiempos de cambio: Aporofobia, el odio a los malsituados

Por: Julio C. Navarro Falconí (1)

La filósofa española Adela Cortina insistió durante 22 años para lograr que el término “aporofobia” sea reconocido por la Real Academia de la Lengua Española, y el propósito que existe detrás de esto es ponerle un nombre a un mal que cada vez se agudiza más en las sociedades de nuestros tiempos.

Aporofobia viene de “áporos” que significante carente de recursos, y “fobia” que significa aversión o rechazo a algo o alguien, es decir, aporofobia es es el rechazo o aversión que tenemos a alguien que no tiene recursos, a alguien que tiene carencias significativas de algo. Adela Cortina señala claramente que la aporofobia significa aversión, rechazo o incluso odio, a los pobres, a los desvalidos, a los malsituados.

Esta semana fuimos testigos de un lamentable comportamiento de un joven en el distrito de Magdalena, el estaba en la calle paseando a su perro cuando un sereno del distrito le insistió que use una mascarilla, este joven en lugar de aceptar su falta optó por insultar y agredir verbalmente al servidor público que supo mantener la calma mientras registraba con un celular la agresión de la que era víctima.

Una vez que se hizo público el video de inmediato las redes sociales y los medios de comunicación hicieron lo propio, difundir y repetir las imágenes, identificar al autor, incluso lo entrevistaron, mientras que los internautas expresaban de todas las formas el rechazo y la condena a aquel joven protagonista de un acto a todas luces racista, en medio de estos comentarios encontramos posiciones sensatas y muchas otras tan similares y reprochables como el video en cuestión.

Este tipo de agresiones a diario las padecen los serenos, vigilantes, policías, comerciantes, ambulantes, ancianitos, mendigos, niños y niñas en las calles, hombres y mujeres, como tú y como yo, peruanos y extranjeros, costeños, serranos y amazónicos; todo aquel que se muestra diferente por su manera de pensar, de sentir, de hablar, de querer, de rezar, de vestir, de trabajar, diferente también por su nivel de ingresos, o incluso por que en la vida decidió obrar en contra de la ley y las normas, todos de una u otra manera terminan siendo víctimas de la aporofobia.

¿Será esto acaso una consecuencia de la sociedad contractual en la que vivimos? una sociedad donde se trata bien a aquel que ofrece algo a cambio, por ejemplo, al extranjero que viene a gastar en el Perú, al inversionista que quiere montar un negocio y crear trabajo, al empresario que viaja en clase ejecutiva, al profesional que habla y viste bien, o al empresario que se reúne en el Club Nacional, que anda en auto del año, que usa traje y corbata de telas importadas; mientras que en esa misma sociedad se rechaza a aquel que creemos que no tiene nada que ofrecer, por el contrario, lo vemos como una amenaza porque solo viene a quitarnos oportunidades en un mundo donde la competitividad, el éxito, la utilidad, la rentabilidad, el mercado y el crecimiento del PBI se han convertido en una especie de santo grial para ingresar a la OCDE, y beneficiarnos del acceso a ese gran y exclusivo mercado.

Y es que aún no aprendemos a distinguir la diferencia entre el ser y el hacer, por eso, creo que antes de dedicarnos a señalar, prejuzgar y condenar a las personas por lo que hacen, debemos detenernos a pensar quiénes somos en realidad.

Lo que viene en los próximos meses como consecuencia de esta pandemia no solo va a afectar duramente a lo que podemos hacer o producir los peruanos, sino, que también va a afectar a lo que somos y necesitamos ser en esta nueva normalidad que nos toca enfrentar.

En los próximos meses serán más los peruanos carentes de recursos, de ingresos, de capacidad productiva, de educación, es decir, ciudadanos que no podrán ofrecer algo a la sociedad, a finales de este año uno de cada tres peruanos será víctima de la pobreza, no tendrá recursos suficientes para comer el siguiente mes con su familia.

Por lo tanto, es posible que la aporofobia en el Perú se incremente, por eso, si no queremos ver más jóvenes sin razón o juicio gritando sus frustraciones, miedos y fobias, no debemos señalarlos como sucede últimamente, lo que necesitamos en realidad es recuperar la dignidad humana, necesitamos recuperar la democracia donde el respeto, la igualdad, la justicia y la cultura son las cuatro columnas necesarias para sostener de pie a un país como el nuestro. 

Para combatir a la aporofobia en el Perú necesitamos dos armas, la primera es la compasión con las víctimas de este mal invisible, y la segunda es la educación para formar a las nuevas generaciones conscientes de quiénes son, y luego, qué son capaces de hacer.

Esto es tiempos de cambio, compártelo.


Julio C. Navarro Falconí . Periodista y Docente universitario

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