La nueva electoralidad

Por: César Campos

Celebro la elección de Piero Corvetto como nuevo jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) por parte de la Junta Nacional de Justicia.

Para los periodistas de opinión política que desde hace 20 años somos convocados a diversos eventos sobre la reforma de la normatividad relativa a los partidos y las elecciones, la figura de Corvetto siempre resultó familiar en su condición de funcionario del organismo que ahora lidera y luego como estudioso independiente de las mismas materias.

Sus reflexiones y aportes, en virtud a esa mezcla de experiencia encima del caballo y la profundización intelectual de ciertos ítems, ganó el respeto de sus oyentes. Nunca mostró sesgos oportunistas ni calibrados al gusto de algún grupo. Hacía recordar el famoso verso de Goethe: “Gris, querido amigo, es toda teoría, y sólo el árbol de la vida es verde”. Y no hay nada más gris que los meros teóricos electorales vociferando ideas absolutas.

Ayer el diario El Comercio publicó sus primeras declaraciones en calidad de conductor de la ONPE, de las cuales extraigo dos revelaciones que me parecen abordables. Una es la que anuncia: “estas elecciones las haremos de la mano con el ministerio de Salud”, para el establecimiento de protocolos que permitan a los electores concurrir a las urnas bajo estrictas medidas de seguridad biosanitarias. La otra se refiere al sistema de “sufragio escalonado”; es decir, organizar a la población por sectores para que acudan a votar a ciertas horas del día establecido.


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Creo que la ONPE debe definir muy bien qué es ir “de la mano” con el MINSA en la organización del acto electoral. Una cosa es coordinar y establecer previamente procedimientos estrictos que impidan aglomeraciones, promuevan el distanciamiento social y uso continuo de elementos de higiene (jabón, alcohol gel) pues votar supone compartir espacios y herramientas (lapiceros, cédulas, aparatos de voto electrónico).

Pero otra es empoderar la perspectiva sanitaria durante el mismo acto de sufragio de tal manera que una observación de su parte colisione con lo que establezcan las autoridades electorales (ONPE como organización y Jurado Nacional de Elecciones como responsable jurisdiccional), confundiendo quién manda a quién. ¿Qué pasará si el MINSA dice, por ejemplo, que en cierto centro de votación no se dan las condiciones para el acto electoral y la ONPE contradice? ¿Qué criterio prevalece?

El voto escalonado debe consagrarse –así lo ha dicho Corvetto– como “recomendación”. No puede limitarse, aún entendiendo la situación atípica fruto de la pandemia, un derecho ciudadano como es votar dentro de una franja horaria general ya establecida (se amplió a 12 horas). Adecuar no significa restringir esos derechos.
La nueva normalidad trae consigo la nueva electoralidad. Será una experiencia interesante.


 César Campos. Periodista Profesional con más de 35 años de experiencia, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.

La presente es una columna de opinión publicada originalmente en el diario Expreso, reproducida en Cuaderno Borrador, con autorización de su autor.

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