Por: César Campos

¿Por cuál ángulo resulta ilustrativo abordar el espectáculo político desatado en nuestro país con la divulgación de los audios donde el presidente Martín Vizcarra intenta – junto a su equipo más íntimo de palacio de gobierno– aplacar el escándalo Richard Swing?

¿Será por el lado de la sorprendente audacia de la señora Karem Roca, asistente personal de Vizcarra, al grabar de manera subrepticia primero el encuentro de dicho equipo y luego una conversación privada con el mandatario para usar después esos registros como arma de defensa personal ante las imputaciones recibidas?

¿O quizás desde la enésima alusión a la secretaria general de la Presidencia, Mirian Morales, como la principal articuladora de las oscuras maniobras palaciegas aprovechando el enorme poder que ostenta, el mismo que le ha permitido favorecer a familiares y allegados en puestos públicos?

¿De repente observando el papel de Jocker del ciudadano Swing en esta baraja tragicómica, el cual le facilitó pasar del banquillo de los acusados al podio acusador, presentándose como celoso guardián de la democracia y eje argumental de la supuesta conspiración golpista contra Vizcarra?


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¿Tal vez desde las prisas del congresista Édgar Alarcón por poner en evidencia los audios sin estar provisto de estrategia alguna que garantizara el sostenimiento sistemático del valioso material que había llegado a sus manos, de tal manera que evitara flancos débiles mediante el cual un gobernante taimado como Vizcarra sembrara dudas y lograra, otra vez, voltear los focos de atención hacia un escenario distinto? ¿Estaba seguro, por ejemplo, de la fidelidad de Roca y Swing a su versión como para pedir garantías a favor de estas personas?

¿O lo miramos desde la torpeza e imprudencia de Manuel Merino, presidente del Congreso, al llamar al titular del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y al comandante general de la Marina para involucrarlos en un diálogo político sobre el cual nada tenían que opinar ambos oficiales? ¿En serio, nunca creyó Merino que ellos comunicarían a su vocero en el Ejecutivo, el ministro de Defensa, sus llamadas telefónicas? ¿No calculó la posibilidad de que el poderoso aparato comunicacional manejado por Vizcarra se encargaría de presentar dichas llamadas –que a nada conducían– como intento de búsqueda de la irrupción castrense contra el orden constitucional?

¿O finalmente, por la vía de un pedido de vacancia con pronóstico reservado que no ha medido el ánimo popular en medio de una pandemia y terrible crisis económica, y a siete meses de las elecciones generales? ¿Nadie tiene la sensatez de marcar la frontera entre los deseos, la realidad, lo justo y lo posible?

Tales son las aristas del drama. Es una crisis, nuestra crisis con sabor peruano donde ningún ingrediente agota la capacidad de sorprendernos e indignarnos.


 César Campos. Periodista Profesional con más de 35 años de experiencia, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.

La presente es una columna de opinión publicada originalmente en el diario Expreso, reproducida en Cuaderno Borrador, con autorización de su autor.

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Por Redacción CB

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