Por: César Gutierrez

Ningún soponcio, cargamontón o pataleta nos aproximará –con la objetividad debida– a las cartas echadas por Martín Vizcarra para jugarse la partida electoral del 2021 postulando al Congreso por la agrupación política Somos Perú. Cierto es que tamaña sinvergüencería, tremenda bofetada al sentido común, robusta expresión de cinismo impacta a quienes ladean la fe ciega en los personajes iluminados. Pero admitamos que, junto al moqueguano, también hay una marea de compatriotas convencidos de su grandeza, solvencia y honestidad.

Elijamos entonces los vectores que apuntalan esta convicción del ex parlamentario fujimorista Daniel Salaverry (ahora candidato a la presidencia de la República) y de Vizcarra para sentirse protegidos bajo el techo del movimiento fundado por el desaparecido ex alcalde de Lima, Alberto Andrade. Porque una premisa básica de esta aventura es que ambos la imaginaron, diseñaron y concretaron. No se les puede mirar por separado. Son siameses en la apuesta por el “ampay, me salvo”.

En esa línea, la dupla Salaverry-Vizcarra dedicará esta corta campaña a la mutua defensa de sus aspiraciones. El ex presidente, por ejemplo, estará obligado a sendos panegíricos en favor del candidato a ocupar la misma silla que tuvo antes de la vacancia. Y viceversa, Salaverry lanzará loas entusiastas a Vizcarra y sus acciones gubernamentales, intentando consolidarlo como el motor de su candidatura en este overhaul oportunista de sus vidas políticas.

Lo segundo será procurar que no merme el respaldo ciudadano a Vizcarra, aparentemente incrementado por el procedimiento de vacarlo. Ninguno de los presidentes que dejaron el gobierno por las buenas los últimos 20 años, bajaron del 25 por ciento de simpatía, incluyendo Alejandro Toledo quien fue el que más vaivenes sufrió en su popularidad. Vizcarra salió por las malas y con efectos sociales trágicos para el país, dos elementos que sin duda manipulará taimadamente para su provecho. Su desafío entonces será mantener ese caudal.

Lo tercero es el control de daños que viene realizando Vizcarra de su complicada situación judicial, logrando que una interesada campaña mediática ponga contra la pared al equipo especial Lava Jato del Ministerio Público, dirigido por Rafael Vela Barba. Ese equipo que gozó de un apoyo sin límites cuando realizó espectaculares pesquisas a fujimoristas y apristas, hoy es visto de reojo y bajo sospecha por varios de sus antiguos fletadores. El precio del poder no conoce de lealtades, lo sabemos. Pero pagarlo en favor de Vizcarra, sí que merece mayores indagaciones.

Lo cuarto, por supuesto, será saber si Vizcarra está habilitado para candidatear, pese a que la ley electoral no se puso explícitamente en el caso de un presidente vacado y sin exigencia de renuncia previa al servicio público para aspirar al Legislativo. Puede ser tachado, sin duda. Pero me inclino por verlo en la cancha. Me inclino por verlo desplegar sus últimas miserias.


César Campos. Periodista Profesional con más de 35 años de experiencia, egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido director y editor de diversas publicaciones nacionales, director y productor de programas radiales y de TV.

La presente es una columna de opinión publicada originalmente en el diario Expreso, reproducida en Cuaderno Borrador, con autorización de su autor.

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Por Redacción CB

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