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Por: Julio C. Navarro Falconí, periodista

Si actualmente eres profesor o profesora, o estudias o tienes hijos estudiando en el colegio, en un instituto o en la universidad, entonces presta mucha atención a lo que voy a comentarte.

Según cifras del ministerio de educación reportadas en julio del 2020, en el Perú existen un millón 600 mil niños matriculados en aulas de educación inicial, 3 millones 600 mil estudian en primaria, 2 millones y medio se encuentran en secundaria, 250 mil son estudiantes de carreras técnico-productivas, más de 500 mil están en educación superior no universitaria y cerca de un millón y medio se encuentran matriculados en las universidades públicas y privadas.

Todos ellos asisten a 54 mil colegios de educación inicial, 39 mil colegios de primaria, 15,200 de educación secundaria, 2 mil centros de formación técnico-productiva, 1,100 centros de educación superior no universitaria y 143 universidades a nivel nacional, es decir, en el Perú tenemos 115 mil instituciones educativas que reciben en sus aulas cada año a más de 10 millones de estudiantes matriculados en todo el sistema educativo nacional.

Esto significa que cada aula requiere de profesores responsables de hacer cumplir con las curriculas de sus instituciones y de acompañar a sus alumnos en el proceso de aprendizaje durante el tiempo que dura el año o ciclo académico, pero siempre tomando en cuenta los planes de estudio, el sílabo y los modelos educativos que han sido diseñados por cada institución y en estricto cumplimiento de lo establecido por el ministerio de educación.

Sin embargo, según lo que sostiene Angel Díaz Barriga, profesor e investigador del Instituto de Investigación sobre las Universidades y la Educación (IIUE) de México, esta realidad del sistema educativo nacional hace ver y sentir al docente como un empleado del sistema. Por lo tanto, se siente obligado a cumplir con el plan de estudios que se les asigna, y cuyo resultado debe ser favorable frente a los sistemas de evaluación que se aplican cada año a gran escala, focalizándose principalmente en las matemáticas y la comprensión lectora.

Es decir, en la medida que un profesor se siente como un empleado está sujeto a cumplir un contrato, con determinadas condiciones contractuales y sujeto a evaluaciones de rendimiento que no necesariamente recogen y toman en cuenta la realidad de cada aula, y menos, las condiciones y capacidades de cada uno de sus alumnos. Mientras que, como lo destaca Angel Díaz, el profesor realmente tiene un enfoque diferente, mira a la educación como un desafío o un reto de transformación de la sociedad a través de sus alumnos, por lo tanto, quisiera involucrarse con ellos y desarrollar estrategias de trabajo que puedan ser aplicadas individualmente.

Lo que es posible de hacer siempre y cuando el profesor cuente con la autonomía necesaria para hacerlo, incluso tomando en cuenta el uso de las nuevas tecnologías y las características propias de la realidad social en la que interviene, a pesar de que existe una brecha importante entre el docente y la sociedad del conocimiento, esta autonomía le permitirá acercarse más a sus alumnos y lograr un efectivo proceso de aprendizaje en cada uno de ellos.

Otro de los temas de gran importancia que destaca el profesor Díaz tiene que ver con las características que tienen ahora los alumnos, al profesor de ahora le cuesta entender a las nuevas generaciones, estudiantes que se destacan por ser nativos digitales, con hábitos de conducta multitareas, con una capacidad de atención muy dispersa, altamente proclives a la hipersensibilidad de sus sentidos para sus procesos de aprendizaje, las nuevas tecnologías, las herramientas multimedia y la Internet los mantienen hiperestimulados, por lo tanto, para lograr su interés y atención el profesor debe recurrir al uso de estas tecnologías, con colores y mucho movimiento, de tal manera que les provoque explorar por sus propios medios, es decir, ahora los alumnos aprenden mucho más fuera de las escuelas que dentro de las aulas.

Otra de las características de las nuevas generaciones es la noción distinta que tienen respecto de la autoridad y las normas, no sólo las cuestionan sino que exigen que incluso las mismas autoridades cumplan las normas establecidas en la práctica, y ellos están vigilantes de que así sea, además de tener una noción mucho más clara y crítica sobre el respeto pleno a sus derechos.

Las nuevas generaciones tienen un sentido utilitario del aprendizaje, su atención es flotante en función de la aplicación útil del conocimiento, por lo tanto, el profesor tiene el gran desafío de enseñar sus materias a través de ejemplos de aplicación práctica, de lo contrario, no será de interés de los alumnos, ya que permanentemente se preguntan ¿para qué me sirve aprender esto?

Como podemos ver, el profesor para estos tiempos tiene que entender que la reforma educativa no será posible si se basa únicamente en modificar el proyecto educativo nacional, las currículas académicas y las formas de evaluación, y luego dedicarse a cumplirlas rigurosamente, pensar así sería incurrir en el mismo error que se repite a lo largo de los últimos 100 años, por el contrario, lo que necesita el profesor es cambiar el modelo de la clase frontal hacia un modelo de acompañamiento al alumno, tiene que cambiar su forma de preparar sus clases por la de contextualizar su tema llevándolo hacia una problemática de la realidad, y entonces sus alumnos buscarán una solución a dicho problema y en consecuencia encontrarán la aplicación útil de sus aprendizajes.

Los profesores que ahora necesitan nuestros 10 millones de estudiantes son aquellos que los impulsen hacia la búsqueda de la información y los acompañen para ayudarlos a organizar, procesar y sintetizar la información que les interesa, ellos necesitan profesores que les mantenga encendida la creatividad y la capacidad de asombro que todos los seres humanos tenemos. Por eso, es también muy importante que en este proceso de acompañamiento se promueva una cultura de valores aplicada en la conducta cotidiana de los alumnos, pero de manera práctica, donde la ética, el respeto, la solidaridad, la justicia y la democracia, por lo menos, deben estar siempre presentes.

Y para que esto sea posible, el Estado debe dejar de afectar la dimensión intelectual de los profesores, en lugar de tratarlos como empleados del sistema educativo, con sueldos insuficientes para vivir dignamente, y menos aún para poder solventar el acceso a la Internet y al uso de buenas computadoras para hacer mejor su trabajo; todo lo contrario, lo que debe hacer el Estado es crear las condiciones necesarias para que el profesor trabaje en ambientes educativos equipados, conectados a Internet y diseñados para cada realidad local, debe también brindarles el mejor acceso y uso de las herramientas tecnológicas suficientes de la mano con procesos de capacitación y empoderamiento de sus capacidades intelectuales y de liderazgo, además de garantizarles condiciones de vida digna para ellos y sus familias; y finalmente, darles los espacios de tiempo necesarios para que puedan leer, experimentar y reflexionar lo suficiente, en lugar de estar buscando otros ingresos para sobrevivir, sólo así podrán hacer realidad la transformación social que está en manos de los profes para formar a buenos ciudadanos para un nuevo país, para un nuevo mundo que crece y se desarrolla constantemente.   

Esto es tiempos de cambio, compártelo.


La presente es una columna de opinión

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Por Redacción CB

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