Panorama del hambre en Perú 2024

El Índice Global del Hambre (IGH) es una herramienta que mide los niveles de hambre en distintos países, reflejando la situación alimentaria de su población. En el caso del Perú, los resultados del IGH 2023 muestran un panorama preocupante: el índice nacional se mantiene en 19.6 puntos, una de las cifras más bajas desde 2008. Este indicador refleja el impacto de las presiones inflacionarias, la recesión económica y la inestabilidad política y social que afectaron al país durante el 2023.

Aunque el 2024 trae señales de recuperación económica, las mejoras proyectadas en el IGH aún son insuficientes para superar la crisis alimentaria. Este artículo analiza las cifras más recientes, desglosando los resultados por regiones y áreas urbanas y rurales, y plantea la importancia de una respuesta conjunta entre el Estado, las empresas y la sociedad civil para enfrentar este desafío.

Cuaderno Borrador tuvo la oportunidad de conversar con Kaspar Schmidt, director de Helvetas y vocero de Alliance 2015, en el marco de la presentación del Índice Global del Hambre en el Perú, aquí les dejamos la entrevista:

1. ¿Cuáles considera que son los principales factores que han impedido una mejora significativa en los índices de hambre en el Perú, especialmente en los últimos años?

En 2018, el índice de hambre estaba en su mínimo de aprox. 15.4 reflejando avances en la reducción de la pobreza y mejoras en la situación alimentaria de la población del Perú desde el año 2010 (primer año por lo cual se calculó el índice de hambre para el Perú). Los factores principales que han provocado un deterioro de la situación, indicado por un aumento del índice del hambre del año 2019 en adelante hasta el nivel de 19,6 en 2022 y 2023 son:

  • la pandemia
  • la inflación de 2022 y
  • la recesión e inestabilidad de 2023.

2. El informe menciona que las áreas urbanas están experimentando niveles de hambre comparables a las zonas rurales. ¿A qué se debe este cambio y cuáles son las principales causas?

Anteriormente, es decir entre 2010 y 2018, las áreas rurales contaban con un índice significativamente más alto que áreas urbanas. Entre 2010 y 2019, sin embargo, se produjo una mejora significativa de la situación alimentaria en las zonas rurales. Los factores mencionados (pandemia, inflación, recesión, inestabilidad) tuvieron casi el mismo impacto en las zonas rurales y urbanas, de modo que los valores aumentaron prácticamente en paralelo de 2019 a 2023. De 2022 a 2023, el índice disminuyó ligeramente para las zonas rurales (22,2 –> 20,8) y aumentó ligeramente para las zonas urbanas (18,6 –> 18,9). Es posible que esta ligera mejora en las zonas rurales se deba a una recuperación de la producción agropecuaria tras los fenómenos climáticos adversos de años anteriores.

3. La pandemia y la crisis económica parecen haber afectado de manera desigual a las distintas regiones del país. ¿Qué diferencias ha observado entre la costa, sierra y selva en cuanto a los índices de hambre?

Los análisis socioeconómicos siempre han posicionado a la costa como la región con mayor desarrollo y más favorecida por las políticas públicas, y a la selva y la sierra como las más rezagadas. En el caso del hambre, la situación ha sido similar, sin embargo, el deterioro económico, social y alimentario generalizado, continúan frustrando los avances, principalmente de los territorios urbanos, dependientes de los ingresos monetarios. Es así que Lima Metropolitana y el resto de la costa continúa en un proceso de empeoramiento o estancamiento del hambre (ver gráfico 3 en la sinopsis del informe Perú), elevando los niveles de hambre en estos territorios costeros a niveles comparables con los resultados de la sierra y selva del país. La situación alimentaria de Lima Metropolitana, desde el 2020, pasó a ser peor que la de la selva e, inclusive, en el 2023, su situación empeoró en comparación con la del resto de la costa (ver gráfico 2 en la sinopsis del informe Perú).

4. Según las proyecciones del informe, ¿cómo se espera que la recuperación económica del 2024 impacte en los niveles de hambre? ¿Hay regiones que se beneficiarán más que otras?

Las proyecciones para el ámbito nacional y regional revelan que el actual contexto de recuperación económica no es suficiente para revertir la actual crisis alimentaria que pasa el país, sino solo para atenuarla ligeramente independientemente del escenario analizado (gráfico 7). Por ejemplo, bajo los escenarios optimista y moderado, el IGH pasaría de 19.6 (2023) a 18.6 puntos; mientras que, bajo el escenario pesimista, pasaría a 18.7 puntos. En otras palabras, bajo cualquier caso, el nivel de incidencia del hambre en el 2024 se mantendría como uno de los peores registrados desde el 2010 (simulación para 2024: 18.8 puntos).

En 2024, aunque las presiones inflacionarias han disminuido y la economía muestra signos de recuperación, la emergencia social y alimentaria persiste. Esta recuperación ocurre en un contexto de agotamiento de protecciones sociales, como los retiros de CTS y AFP, y sin mejoras en el empleo. Esto plantea importantes desafíos para lograr una estabilidad económica y social integral.

Bajo los tres escenarios de impacto, el crecimiento económico al cierre del 2024 se prevé por encima del 2%, mientras que la inflación de alimentos y energía se estima que regrese al rango meta del BCRP. Sin embargo, como apuntamos previamente, debido a los reiterados eventos que han socavado las economías familiares generando crisis sociales, económicas y alimentarias, se estima que esta recuperación sea lenta inclusive en los ámbitos regionales (gráfico 14 del informe completo para Perú).

Si bien en todos los ámbitos regionales se pronostica una reducción de los niveles de hambre, estos todavía siguen siendo muy elevados. En el caso de la sierra, se mantiene una condición grave de hambre; en el caso de Lima Metropolitana, se esperaría que la situación pase de una grave a moderada, aunque en el límite.; mientras que, en el caso de la selva y el resto de la costa, se mantiene una situación moderada. Como se puede observar, los pronósticos de los tres escenarios en cada ámbito regional son muy similares, debido a una atenuación de los impactos esperados tanto por el lado del crecimiento económico como por la reducción de la inflación, lo cual plantea un escenario general de lenta recuperación en el acceso alimentario.

5. ¿Qué medidas específicas recomienda el informe para que el Estado y el sector privado trabajen juntos en reducir la inseguridad alimentaria en el país?

El informe global subraya que las mujeres y niñas son quienes más sufren las consecuencias de la inseguridad alimentaria y las crisis climáticas, debido a los roles que desempeñan en la cadena de producción y distribución de alimentos en sus comunidades. Aunque en el caso de Perú el IGH sigue siendo más alto para los hombres, las mujeres, sin embargo, enfrentan una vulnerabilidad especial debido a la llamada “triple carga” que soportan (responsabilidades productivas, reproductivas y comunitarias) y limitan su acceso a recursos esenciales y las exponen de forma más aguda a la inseguridad alimentaria.

Para enfrentar esta crisis, el Perú necesita una respuesta integral y coordinada que involucre al Estado, el sector privado, la sociedad civil y la cooperación internacional. El IGH 2023 enfatiza que la justicia de género es clave para avanzar en la resiliencia climática y la seguridad alimentaria, y que la adopción de políticas que consideren el enfoque de derechos humanos y la equidad de género será esencial para alcanzar una solución a largo plazo en la lucha contra el hambre.

Así como lo han leído estimados seguidores, el Índice Global del Hambre (IGH) 2023 pone de manifiesto un reto urgente para el Perú: la necesidad de fortalecer la seguridad alimentaria y combatir el hambre con una estrategia integral. Aunque las proyecciones para el 2024 indican una leve mejora gracias a la recuperación económica, el país aún enfrenta niveles de hambre preocupantes que afectan tanto a áreas urbanas como rurales. Este panorama exige una acción conjunta entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil, incorporando enfoques de equidad de género, derechos humanos y resiliencia climática. Solo a través de un compromiso coordinado será posible construir un futuro más próspero y justo para todos los peruanos.


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