El último reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) arroja un panorama alentador para la economía peruana: un crecimiento del 3,8% en el tercer trimestre de 2024, marcando tres periodos consecutivos de resultados positivos. Este avance, impulsado por sectores estratégicos como minería, manufactura y construcción, no solo refleja un repunte económico, sino también el impacto directo en el bienestar de los peruanos. Pero, ¿qué significa este crecimiento para nuestras vidas diarias y cómo contribuye a una democracia fortalecida y sostenible?
Vayamos a las cifras. Crecimos por la recuperación del sector Minería e Hidrocarburos; asimismo de la actividad Manufactura en las industrias de madera y muebles, y textil; también, el sector transporte estuvo incentivado por las diversas celebraciones como Fiestas Patrias, ferias gastronómicas, festividades religiosas y eventos, que impulsaron el desplazamiento de turistas nacionales y extranjeros; la actividad comercio se vio favorecida por el aumento de las ventas al por mayor y menor; y el sector Construcción debido al dinamismo de la ejecución de proyectos públicos y privados. Asimismo, se incrementaron las exportaciones de productos agrícolas, pesqueros, mineros y manufactureros.

Durante el tercer trimestre de 2024, veintiún departamentos registraron incrementos en su actividad productiva, mostrando once regiones tasas superiores a la economía del país, sobresaliendo Huancavelica (9,1%), Huánuco (7,8%) y Loreto (6,9%) por el desenvolvimiento favorable de los sectores electricidad, minería e hidrocarburos y construcción; Junín (7,9%) y Tumbes (6,7%) sustentando en el avance de las actividades minería e hidrocarburos, construcción y agropecuario; Amazonas (7,1%) y Madre de Dios (4,2%) determinado por los sectores construcción y transporte; Lambayeque (7,0%) debido a las actividades agropecuario, transporte y telecomunicaciones; Tacna (5,9%) y Apurímac (5,4%) por los sectores minería, comercio y electricidad; y Lima (4,7%) reflejado en el aumento de las actividades manufactura, construcción y comercio.
En conjunto estos once departamentos, concentraron el 55,6% del total de la producción. Sin embargo, tres regiones disminuyeron su nivel productivo; encontrándose Moquegua (-4,0%) como consecuencia de la reducción de los sectores electricidad, minería y construcción; Pasco (-2,6%) explicado por la actividad minera; y Ucayali (-0,9%), atribuido a la contracción de los sectores agropecuario y minería e hidrocarburos.
Según zonas geográficas, el crecimiento de la economía nacional estuvo impulsada por el buen desempeño obtenido en todas las zonas: Centro (4,5%), Oriente (3,7%), Norte (3,0%) y Sur (1,8%).
El Fenómeno Económico Observado
El crecimiento registrado responde a un repunte cíclico explicado por la teoría keynesiana, que postula que la inversión pública y privada, junto con el consumo interno, son motores clave para la recuperación económica. El crecimiento económico registrado en este periodo puede entenderse como parte de un repunte cíclico, un fenómeno común en economías que enfrentaron previamente periodos de recesión o desaceleración. Este concepto está alineado con la teoría keynesiana, que destaca el papel crucial de la inversión pública y privada como motores para estimular la demanda agregada. En el caso peruano, la ejecución de proyectos públicos y privados en sectores como la construcción y minería, junto con incentivos al comercio y la manufactura, han generado empleos, aumentado los ingresos y promovido un mayor consumo interno, lo que impulsa la recuperación económica.
La teoría keynesiana sostiene que, en momentos de contracción económica, el Estado debe intervenir activamente mediante inversiones en infraestructura, incentivos fiscales o proyectos estratégicos para dinamizar la actividad productiva. Este enfoque se complementa con la participación del sector privado, que también puede aprovechar un entorno favorable para reinvertir en el mercado local. En el Perú, estas dinámicas han permitido un crecimiento sostenido en diversas regiones, mostrando cómo la combinación de inversión y consumo puede reactivar tanto la producción como el bienestar de la población.
El impacto de este crecimiento no es solo una cifra; se traduce en mejoras concretas para las familias peruanas. En regiones como Huancavelica (9,1%), Junín (7,9%) y Loreto (6,9%), la expansión de sectores como minería, construcción y transporte ha generado mayores oportunidades laborales. Sin embargo, el reporte también muestra desafíos, como la contracción en regiones como Moquegua (-4,0%) y Pasco (-2,6%), que evidencian la necesidad de diversificar las economías locales y reducir su dependencia de sectores específicos.
Conexión con la Democracia y Estándares GRI
El crecimiento económico, cuando se distribuye de manera equitativa, es un pilar fundamental para fortalecer la democracia. El dinamismo en 21 departamentos refleja cómo una gestión descentralizada impulsa el desarrollo local y reduce las brechas sociales. Este avance está alineado con los Estándares GRI (Global Reporting Initiative), específicamente el GRI 201: Desempeño Económico, al resaltar la importancia de generar valor económico sostenible y promover el desarrollo regional inclusivo.
Específicamente, el GRI 201 se centra en la generación y distribución del valor económico, abarcando aspectos como ingresos, beneficios, pagos a proveedores y empleados, impuestos pagados y subvenciones recibidas. Este estándar permite a las organizaciones comunicar cómo sus operaciones contribuyen a la economía local y global, facilitando así la evaluación de su sostenibilidad y responsabilidad económica.


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