En 2024, el sol peruano se destacó por ser la moneda que menos se depreció frente al dólar estadounidense en América Latina, consolidándose como la más estable de la región. Aunque el tipo de cambio experimentó un aumento moderado de 1.5%, cerrando en S/ 3.761 por dólar, el sol peruano se mantuvo resistente en un entorno de alta volatilidad global. Este comportamiento es un indicativo positivo para los negocios, especialmente para aquellos que dependen de transacciones internacionales o importaciones.
Una moneda estable, como la que ha mostrado el sol peruano, tiene un impacto directo en la economía de los negocios. Para las empresas, especialmente las que operan en mercados internacionales, una moneda estable ofrece previsibilidad en los costos y los ingresos. Por ejemplo, una empresa peruana que importa maquinaria o insumos del exterior se ve beneficiada por un tipo de cambio estable, ya que los costos de sus compras serán más predecibles. Si la moneda se deprecia considerablemente, como ocurrió en otros países de la región, el costo de estas importaciones podría dispararse, afectando sus márgenes de ganancia.
Tomemos el ejemplo de una empresa peruana que importa tecnología de Estados Unidos. Si el sol se mantiene estable frente al dólar, la empresa puede planificar sus compras a largo plazo sin temor a que el tipo de cambio varíe drásticamente, lo cual facilita la fijación de precios y la gestión de costos. En cambio, si la moneda local experimenta una fuerte devaluación, como sucedió con el real brasileño (que se depreció en un 27.47% en 2024), los costos de esas importaciones se incrementan considerablemente, lo que podría llevar a un aumento de precios para los consumidores y una pérdida de competitividad.
Un desempeño ejemplar
El Banco Central de Reserva (BCR) atribuye esta estabilidad al sólido desempeño macroeconómico del país. Factores como una política monetaria creíble, un alto nivel de reservas internacionales y una balanza comercial superavitaria han permitido que el sol peruano se mantenga más firme que otras monedas latinoamericanas. En comparación con otras economías regionales, como la brasileña o la mexicana, que vieron depreciaciones superiores al 20%, el sol peruano demuestra una capacidad de resistencia que favorece la previsibilidad económica.
Este comportamiento no es nuevo. Desde el año 2000, el sol peruano ha sido la moneda menos devaluada frente al dólar en toda América Latina, con una depreciación acumulada de solo 5.5%. En contraste, países como Chile, Colombia y Brasil han enfrentado caídas mucho más pronunciadas en sus monedas. Esta estabilidad a largo plazo resalta la importancia de contar con políticas fiscales y monetarias prudentes, elementos fundamentales para el desarrollo de un entorno favorable para los negocios.
En resumen, una moneda estable no solo protege a las empresas de fluctuaciones inesperadas, sino que también genera confianza en los inversionistas y consumidores. El sol peruano, al haber mantenido una estabilidad relativa frente al dólar, es un activo importante en el panorama económico de la región, ofreciendo un entorno más seguro para el crecimiento y la expansión de los negocios en Perú.


Deja un comentario