El presidente electo Donald Trump ha vuelto a colocar a Groenlandia en el centro del escenario geopolítico, reviviendo una idea que ya causó controversia durante su primer mandato en 2019: la compra de la isla más grande del mundo, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. Aunque la propuesta ha sido recibida nuevamente con un rotundo “no” por parte de Dinamarca y Groenlandia, el interés de Estados Unidos en este enclave polar plantea preguntas sobre sus motivos y las implicancias de este movimiento.
La historia de adquisiciones territoriales por parte de Estados Unidos tiene precedentes significativos. En 1803, Thomas Jefferson duplicó el tamaño del país con la compra de Luisiana a Francia. Décadas después, en 1867, Alaska fue adquirida de Rusia por $7,2 millones, un movimiento que en su momento fue ridiculizado como “la locura de Seward”, pero que hoy se considera un logro estratégico. Ahora, Groenlandia emerge como la pieza clave en un tablero donde la geopolítica, el cambio climático y la economía global se entrecruzan.
El Deshielo: Una Oportunidad y una Amenaza
Groenlandia, cubierta por un vasto glaciar, enfrenta un deshielo acelerado debido al cambio climático, perdiendo hielo seis veces más rápido que en la década de 1990. Este fenómeno, impulsado por la quema de combustibles fósiles, tiene implicaciones globales: si todo el hielo de Groenlandia se derritiera, los niveles del mar subirían hasta siete metros, según la NASA. Sin embargo, en medio de este drama ecológico, surgen oportunidades económicas que atraen a potencias como Estados Unidos.
La isla es rica en recursos estratégicos como petróleo, gas, uranio y tierras raras, esenciales para la transición energética mundial. Estas riquezas convierten a Groenlandia en un objetivo codiciado no solo para Trump, sino para cualquier nación con ambiciones de liderazgo global en la era post-carbono.
Rutas Comerciales y Poder Geopolítico
El interés de Trump no se limita a los recursos naturales. El deshielo del Ártico abre nuevas rutas comerciales que podrían redefinir la conectividad global. Controlar Groenlandia otorgaría a Estados Unidos una posición privilegiada en estas vías estratégicas, reforzando su influencia frente a rivales como China y Rusia. Además, la anexión de Groenlandia es vista como parte de un plan más amplio que incluye recuperar el control del canal de Panamá, un símbolo de la autonomía panameña y una arteria vital del comercio mundial.
Reacciones Globales: Resistencia y Soberanía
Las respuestas a las propuestas de Trump han sido contundentes. El primer ministro de Groenlandia, Múte Egede, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, han rechazado categóricamente cualquier posibilidad de venta. Panamá, por su parte, ha reafirmado su soberanía sobre el canal, destacando la neutralidad que garantiza su operación en beneficio global.
Mientras tanto, los analistas sugieren que detrás de las declaraciones grandilocuentes de Trump se esconde una estrategia basada en ruido mediático y negociaciones indirectas. Este enfoque busca obtener concesiones comerciales, acceso a recursos y ventajas estratégicas sin necesariamente concretar las adquisiciones.
La disputa por Groenlandia no es solo una cuestión de territorio, sino un reflejo de los desafíos y oportunidades del siglo XXI. En un mundo donde el cambio climático redefine las fronteras económicas y geopolíticas, la lucha por el control del Ártico y sus recursos será un tema central en las próximas décadas.


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