El guardián de las finanzas vaticanas: así funciona la oficina que audita a la Santa Sede

📢 Desde su creación en 2014 por impulso del Papa Francisco, la Oficina del Auditor General (OAG) se ha convertido en un pilar fundamental para garantizar la transparencia, el control del gasto y la lucha contra la corrupción dentro de la Santa Sede. Esta oficina, liderada por Alessandro Cassinis Righini y descrita en profundidad por el periodista Alessandro De Carolis en Vatican News, opera con plena independencia del resto de dicasterios vaticanos, respondiendo únicamente al Papa. Su misión es clara: vigilar que los recursos financieros del Vaticano se utilicen de manera ética, eficiente y conforme a la fe católica.

La OAG fue concebida como parte de una profunda reforma económico-administrativa que también dio origen al Consejo para la Economía y la Secretaría para la Economía. Cassinis Righini, con 25 años de experiencia en el sector privado antes de asumir su rol en la Santa Sede, destaca que la clave ha sido combinar estándares internacionales como los de la INTOSAI con los principios espirituales de la Iglesia. Desde 2021, su rol se ha expandido para incluir funciones como autoridad anticorrupción del Vaticano, alineándose con los compromisos asumidos en la adhesión a la Convención de Mérida de la ONU.

Uno de los logros más importantes ha sido la implementación del código de contratación pública (Normas sobre transparencia, control y competencia en los contratos públicos), que busca evitar que las compras de bienes y servicios se conviertan en focos de corrupción. La OAG no solo audita los estados financieros de más de 90 entidades vaticanas, sino que también emite recomendaciones preventivas en áreas sensibles como adquisiciones y recursos humanos. Además, Cassinis Righini ha firmado acuerdos de colaboración con otras entidades de control como la Secretaría para la Economía (SpE) y la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF) para intercambiar información y evitar duplicidades.

Entre los instrumentos más avanzados que emplea esta entidad se encuentra el sistema de whistleblowing, que permite a cualquier persona denunciar irregularidades dentro del Vaticano sin temor a represalias. Estas denuncias pueden incluir fraudes, corrupción o manejo indebido de recursos, y su confidencialidad está protegida por el Estatuto del Auditor General. A lo largo de los años, este enfoque ha permitido fortalecer el sistema de prevención más allá de la sanción judicial, promoviendo una cultura institucional más ética.

El balance que presenta Cassinis Righini tras seis años al frente de la entidad es positivo, aunque reconoce que el camino no ha estado exento de desafíos. Al principio, muchas oficinas desconocían la función del Auditor y temían una pérdida de autonomía. Hoy, sin embargo, la OAG ha logrado construir una relación de confianza con las entidades auditadas. Con un equipo de solo 14 personas, incluyendo seis mujeres, la oficina mantiene una carga de trabajo intensa, pero también realiza actividades sociales como el voluntariado en comedores populares y forma constantemente a su personal para mantenerse al día con las mejores prácticas de auditoría.


🧠 NO PIERDA DE VISTA ESTOS DATOS

Transparencia: El código de contratación pública posiciona al Vaticano al nivel de las jurisdicciones más avanzadas en integridad financiera.

Independencia: La Oficina del Auditor General responde únicamente al Papa y es clave en la reforma financiera del Vaticano.

Prevención: Desde 2021, es también la autoridad oficial anticorrupción del Vaticano bajo los estándares de la Convención de Mérida.

Innovación: Implementó el sistema de whistleblowing con confidencialidad protegida, alineándose con las mejores prácticas globales.

Supervisión: Audita más de 90 entidades y participa en la coordinación contra el lavado de activos y financiamiento del terrorismo.

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