📢 Mientras usted ajusta su presupuesto familiar y busca ahorrar unos soles, el Estado hace todo lo contrario: gasta más de lo que recauda y, peor aún, se está quedando sin ahorros. Un informe del Consejo Fiscal advierte que el Perú enfrenta un riesgo silencioso que podría terminar afectando el bolsillo de todos.
Este 2024, el déficit fiscal —la diferencia entre lo que el país gasta y lo que recauda— llegó al 3.5% del PBI, su nivel más alto desde 1992. Y no fue por una emergencia ni por un desastre natural. Fue por decisión. El gasto público creció, entre otras cosas, por transferencias millonarias y aumentos en planillas, mientras los ingresos no acompañaron ese ritmo.
Peor aún: el fondo de ahorros del país, el Fondo de Estabilización Fiscal (FEF), apenas representa el 1.1% del PBI. Antes de la pandemia era más del doble. En plata: si llega una nueva crisis o desastre, no hay un “colchón” para responder sin recurrir a más deuda.
El Consejo Fiscal ha sido claro: el manejo de las cuentas públicas ya no es prudente. No hay reglas claras ni compromiso real del Congreso ni del Ejecutivo por mantener el equilibrio fiscal. Se gasta más, se ingresa menos, y se ajustan las reglas a conveniencia.
La situación descrita en el informe del Consejo Fiscal se puede analizar desde la perspectiva de la Teoría del Ciclo Económico y la Política Fiscal Contracíclica, un enfoque clásico en economía pública. Según esta teoría, los gobiernos deberían ahorrar en tiempos de bonanza —cuando los ingresos fiscales crecen por mayor actividad económica o altos precios de materias primas— para gastar más en tiempos de crisis, ayudando a estabilizar la economía. Este comportamiento se llama política fiscal contracíclica. Sin embargo, lo que advierte el Consejo Fiscal es que en el Perú ha ocurrido lo contrario: se ha gastado más incluso en un contexto sin shocks externos, sin generar ahorro fiscal. Esto se conoce como comportamiento fiscal procíclico, y es considerado riesgoso porque reduce la capacidad de reacción ante futuras recesiones, aumenta la deuda y puede deteriorar la confianza en la solidez macroeconómica del país.
Este escenario compromete seriamente la capacidad del Estado para mantener servicios esenciales sin tener que subir impuestos, emitir más deuda o recortar programas en el futuro. Para hogares y empresas, eso significa vivir con la incertidumbre de que cualquier “ajuste” puede terminar cayendo sobre ellos.
La receta no es más normas, sino más responsabilidad. Un gasto público eficiente, sin populismo fiscal, es clave para no hipotecar el futuro. Y si algo debe quedar claro es que cuando el Estado gasta mal, tarde o temprano el que paga es usted.
🧠 NO PIERDA DE VISTA ESTOS DATOS
DÉFICIT: El Perú gastó S/ 7,900 millones más de lo permitido en 2024. Eso significa menos margen para invertir en salud, educación o infraestructura en los próximos años.
AHORROS BAJOS: El Fondo de Estabilización Fiscal está en su nivel más bajo desde antes de la pandemia. En una nueva emergencia, habrá que endeudarse más.
DEUDA NETA EN ALZA: Desde 2013, la deuda pública neta ha subido de 2.7% a 23.5% del PBI. Cada sol que se paga en intereses es un sol menos para servicios públicos.
GASTO RECURRENTE: El aumento en sueldos y transferencias no ha sido temporal. Son compromisos permanentes que presionan el presupuesto año a año.
MENOS ESPACIO FISCAL: La caída de los activos financieros limita la capacidad de reacción del Estado. Se gasta como si no hubiera mañana… pero mañana llega.


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