📢 ¿Quién manda en el Congreso? La elección que también afecta tu bolsillo. Mientras tú lidias con los recibos del agua, el alza del pan o cómo estirar tu sueldo, en el Congreso se define quién tomará el timón de la institución que aprueba leyes que pueden mejorar —o complicarte— la vida. Este 26 de julio, como cada año, se elige al presidente del Congreso y a su Junta Directiva. Y aunque parezca un ritual político más, lo cierto es que lo que pasa ahí termina impactando en cuánto regulan tu negocio, tu empleo y hasta el precio de los productos.
La Junta Directiva no es solo un cargo simbólico. Es el equipo que pone en agenda los proyectos de ley, define el ritmo de las reformas y marca el tono del Congreso. Está compuesta por el presidente y tres vicepresidentes. Se elige por lista cerrada, con voto secreto, y quien obtenga la mayoría simple se queda con todo. Es como una licitación pública sin segunda ronda: si te organizas, te llevas el control.
En términos prácticos, el presidente del Congreso influye directamente en qué normas avanzan y cuáles se enfrían. ¿Menos trabas para emprender? ¿Más burocracia que ahoga la inversión? ¿Proyectos que inflan el gasto público sin evaluación? Todo pasa por ese filtro. Por eso no es solo una pugna entre bancadas: es una competencia por el poder de agenda.
El proceso, aunque democrático, tiene sus peculiaridades. Las listas se arman con rapidez, basta el respaldo de 20 congresistas para postular. La votación es secreta, pero las alianzas son públicas. Y lo más importante: el reglamento del Congreso no impone filtros de idoneidad técnica, ni exige planes concretos de gestión legislativa. Esto permite que, muchas veces, el corto plazo electoral prime sobre una visión de país.
Desde el punto de vista económico, lo que está en juego es cómo se administra el costo de legislar. Cada proyecto aprobado sin análisis serio genera un impacto fiscal o incentiva la informalidad. La teoría de la Elección Pública, desarrollada por James Buchanan, lo explica bien: los políticos responden a incentivos propios (como reelegirse) y no siempre al interés común. Por eso, elegir con criterio a quienes dirigen el Congreso es clave para que el marco normativo sea más sensato, menos denso y más útil.
Además, si queremos reglas claras, menos trabas para producir y un Estado más eficiente, no se trata de hacer más leyes, sino de hacer mejores leyes. Y eso depende, en buena parte, de quién preside el Congreso. No es casual que en años de agendas más técnicas el país haya avanzado en reformas económicas. Y tampoco sorprende que, cuando la presidencia se volvió un botín, el ruido político haya espantado inversiones.
🧠 NO PIERDA DE VISTA ESTOS DATOS
- PODER DE AGENDA: El presidente del Congreso decide qué proyectos se discuten. Eso afecta tu negocio, tus derechos laborales y tu bolsillo.
- SIN FILTROS TÉCNICOS: No hay exigencias de experiencia o plan de gestión. Eso puede abrir paso a agendas populistas que elevan el gasto público.
- IMPACTO ECONÓMICO: Una mala ley puede generar sobrecostos, informalidad o frenar inversión. La presidencia del Congreso no es un cargo decorativo.
- VELOCIDAD SIN EVALUACIÓN: Las listas pueden postularse en 24 horas. La urgencia política muchas veces reemplaza al debate profundo.
- UNA SOLA VOTACIÓN: No hay segunda vuelta. Gana quien tenga mayoría simple. Un voto puede definir el curso del Congreso por un año.


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