📢 ¿Y si el Estado llevara sus cuentas como tú en tu cuaderno? Cuando tú anotas tus gastos e ingresos en un cuaderno o en Excel, sabes que no basta con ver lo que tienes en la billetera. También cuentas lo que debes (como el recibo del agua por pagar), lo que te deben (como un préstamo a un amigo), y lo que has invertido (como una refri que compraste en cuotas). Eso se llama llevar bien tus cuentas. Pero ¿sabías que muchos gobiernos del mundo, incluido el nuestro, no lo hacen así?
Un informe reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) revela que menos de la mitad de los países de la Unión Europea usan una contabilidad parecida a la empresarial, llamada contabilidad por devengo. Esta técnica, común en cualquier empresa seria, consiste en anotar todo: lo que se gana y se gasta, pero también lo que se debe, lo que se va a pagar, lo que se tiene (activos) y lo que no se tiene (pasivos). ¿Y el resto de países? Siguen anotando solo lo que entra y sale del “cajón” como si fueran un kiosko sin registros.
¿Por qué esto es un problema? Porque cuando solo se registra el dinero que entra o sale hoy, se oculta lo que verdaderamente debe el país, como las pensiones que se prometieron, los contratos pendientes o incluso lo que el Estado posee: desde una carretera hasta una reserva forestal. Un gobierno podría decir que tiene “superávit” (más ingresos que gastos), pero estar dejando una deuda oculta enorme para el futuro.
En otras palabras: la contabilidad por caja (la más básica) muestra solo el presente. La contabilidad por devengo muestra el presente y el futuro. Por eso, países como Austria, Francia o Estonia ya están cambiando su forma de llevar las cuentas públicas. Esto permite decisiones más responsables sobre gasto público, inversión y deuda. Si el Estado supiera con exactitud cuánto vale lo que tiene y cuánto le cuesta lo que promete, podría evitar despilfarros o deudas insostenibles.
Este debate conecta con una teoría económica clásica: la teoría del ciclo económico real. Esta plantea que las decisiones económicas del Estado deben basarse en datos reales sobre la producción, inversión y patrimonio, no en ilusiones contables o flujos de caja momentáneos. Es como una familia que aparenta vivir bien porque aún le queda saldo en la tarjeta, pero tiene muchas deudas por pagar.
Además, la contabilidad moderna es una herramienta de eficiencia fiscal: evita que se tomen decisiones costosas solo porque “hay plata en caja”, sin ver si el país podrá sostener ese gasto mañana. Y también es una herramienta de transparencia: si un gobierno quiere vender activos públicos o endeudarse más, debería mostrar primero qué tan saludable está su balance.
¿Y Perú? Aunque se han dado algunos avances, seguimos con una contabilidad pública muy básica. No hay una valorización completa del patrimonio público (como los bosques, carreteras o centros de salud), y muchas decisiones se toman mirando solo el “saldo del mes”, como si eso fuera todo. Pero la economía moderna —y el bolsillo de los ciudadanos— necesitan una mirada más completa.
🧠 NO PIERDA DE VISTA ESTOS DATOS
- TRANSPARENCIA: Sin saber cuánto realmente se debe o se tiene, el Estado puede tomar decisiones equivocadas. Esto afecta la confianza de inversionistas y ciudadanos.
- EFICIENCIA: Una contabilidad moderna evita gastos innecesarios y permite priorizar inversiones que sí generan valor.
- PATRIMONIO PÚBLICO: Si el Estado no sabe cuánto valen sus activos (carreteras, hospitales, bosques), puede subvalorarlos o malvenderlos.
- DEUDA: Sin una visión clara del futuro, el país puede sobreendeudarse sin saber si podrá pagar.
- GESTIÓN MODERNA: Las empresas, incluso las pequeñas, ya usan contabilidad por devengo. Es momento de que el Estado haga lo mismo.


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