Por: Julio C. Navarro Falconí

Alberto Vergara planteaba la siguiente pregunta en la segunda edición de su libro “Ciudadanos sin república”: ¿Por qué cultivamos de forma necia el desinterés por el estado de derecho, las instituciones y la democracia? También decía que para responder debemos  descender y aterrizar en los callejones de la política, sus ideas y actores.

Pues bien, lo sucedido esta semana en torno al pedido de vacancia presidencial realmente ha descubierto los vaivenes de los callejones de nuestra política, aquella que no se caracteriza necesariamente por el buen discurso y el debate de ideas y propuestas para el bien común.

Lo que se ha descubierto, una vez más, son audios grabados por encargo, mensajes de chat  a un ministro ofreciéndole mantenerlo en su puesto, y seguramente pronto veremos más mensajes de este tipo dirigidos a los militares y no necesariamente pidiéndoles que mantengan la calma, porque todo va a estar bien.

Luego, hemos visto al presidente Martín Vizcarra ingresando al congreso, cuando ya no lo esperaban, con discurso en mano para defenderse de aquella acusación que el Tribunal Constitucional decidió no detener al rechazar la medida cautelar.

Lo que vino después, y por varias horas, fueron los discursos de los actuales parlamentarios, una a una sucedieron las peroratas, la mayoría leídas de un papel que la noche anterior los asesores congresales terminaron de escribirles a sus jefes y protagonistas de un penoso espectáculo político.

Los callejones de la política existen, están allí, con tramas más expectantes que las preferidas series de Netflix, sin embargo, si buscamos las ideas y los actores, entonces, no encontramos más que chismes, diatribas, bulos y ofensas de baja estopa, cuyos protagonistas, muchos sin mascarilla y a viva voz, se muestran como esperpentos o espantajos que resguardan la carroña de otros buitres que rondan en círculos el cenáculo del poder.

Actores improvisados de una tragicomedia carcomida por intereses subrepticios, por la corrupción, por el crimen organizado, por los grupos de poder que necesitan de la ley hecha a su medida para mantenerse impunes.

Actores algunos que suben a las tablas motivados por recibir su bolo sin descuentos, actores que leen sus guiones por primera vez en pleno parlamento, sin siquiera entender lo que están diciendo, y menos con escuchar o intentar comprender lo que dicen sus pares, ese es el espectáculo de horror que seguimos viendo, semana a semana, de pleno a pleno.

Mientras, van pasando las semanas, el 11 de abril está cada vez más cerca, dentro de seis meses volveremos a las urnas para elegir al nuevo elenco que deberá protagonizar por 5 años la actuación política peruana, nuevamente, cuando miremos la cartelera no tendremos mucho que escoger, y posiblemente el afiche con la mejor foto posada termine influyendo en nuestro voto; mientras que el argumento, el reparto detrás de aquella puesta en escena, él o la que dirige la actuación, incluso hasta la fuente de financiamiento, no serán tomados en cuenta.

Cuándo entenderemos que la única manera de romper este círculo vicioso es dando lugar a instituciones sólidas. Es  de suma urgencia que la sociedad civil, que los jóvenes, hombres y mujeres, apuesten por crear partidos políticos con ideas y propuestas en lugar de cupos e intereses, con líderes éticos en lugar de mercaderes de poder, con reglas claras y transparentes en lugar de pactos y repartijas de café y madrugada.

Mientras no tengamos partidos políticos transparentes, democráticos y orgánicos, no podremos recuperar la institucionalidad del ejecutivo y del legislativo y, en consecuencia, no podrán contribuir realmente a la reforma del sistema de justicia que también nos urge, es decir, la gobernabilidad y estabilidad democrática después de 200 años de vida republicana, seguirá dependiendo de aquel caudillo que llegue a palacio de gobierno y de su equipo de campaña que, luego de hacerse del triunfo, le reclamarán al nuevo presidente su cuota de poder y cargo público como retribución al buen trabajo de pegar afiches, organizar mítines virtuales y repartir souvenirs en las calles y plazas de nuestra patria.

Y así empezará el 28 de julio próximo una nueva temporada de la actuación política peruana.

Esto es tiempos de cambio, compártelo.


Julio C. Navarro Falconí . Periodista y Docente universitario

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Por Redacción CB

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